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La Espiga: ese equipo del que todos hablarán

Así será guste a quien le guste. Más allá de los resultados deportivos, en cada Nacional el nombre que retumba con respeto en todos los pasillos es el de La Espiga de Glew. El campeón de los más de 60 títulos, incluidos los Nacionales Tandil 2017 y Mar del Plata 2018, dejó impregnado su sello de buen fútbol en cada partido que le tocó jugar y aún mantiene su invicto en el tiempo reglamentario.

Trece partidos pasaron para que a los de Héctor Catán le puedan “encontrar la vuelta”. Hasta las semifinales con Fonavi de Tandil, los de Glew habían ganado sus 13 partidos por Copa Nacional de Campeones con 76 goles a favor y 25 en contra. Nunca habían ganado por menos de tres goles. Una sinfonía casi perfecta, en donde el arquero es un jugador más de campo y las posiciones tácticas son un mero número telefónico que va variando y rotando durante todo el partido. Desde su concepción, este equipo no analiza rivales ni hace entrada en calor. Sólo busca jugar al fútbol.

Decíamos que después de trece partidos le había costado en serio. 7-3 a El Embarcadero de Ayacucho, 8-5 al C.A.V.I de Tandil, 7-2 a Deportivo Estrella de Olavarría, 4-1 a City de Rosario, 4-1 a Intocables de Tandil en su primer Nacional; 6-3 a Pipa de Junín, 6-2 a Deportivo Estrella de Olavarría, 5-2 ante Máquina Russa de Rosario, 5-1 frente a Albinoleffe de Longchamps y 4-1 en la final con Termas Huinco en el Nacional de Mar del Plata; 8-0 con Asociación Española de General Alvear, 6-3 con HC Fútbol Club Lobos y 6-1 con Borussia de Saladillo en este último Nacional, era el récord de goleadas de los de Glew. Fonavi, uno de los campeones de Tandil, colmó el predio de Los Silos para develar el misterio de si La Espiga era invencible. Con mucho respeto, los locales le plantearon un partido estupendo a los de negro con las bandas cruzadas. Le cerró todos los espacios en defensa, tuvo un Hernán Sassou sublime en el arco y contó con el enorme esfuerzo en ataque de Mariano Disipio y Gonzalo Álvarez. Defendió en su campo y aprovechó las suyas. Al arranque del segundo tiempo, Fonavi ganaba 1-0 con lindo gol de Gonza Álvarez. La Espiga nunca desesperaba.

Cinco minutos más tarde, tiki taka en el área y gol de Matías Sánchez (1-1). Llegó la séptima falta y gol de Disipio: 2-1 y el sueño de Fonavi de eliminar a La Espiga. Al instante, córner desde la derecha y cabezazo fantástico de uno de los mejores del torneo, como “Chimi” González.

Pasaban los minutos y se esperaba que La Espiga acelere el trámite. Pero los muchachos de Glew no se desesperan jamás. Ellos juegan siempre a lo mismo. Mueren con la suya. Tocan de aquí para allá, abriendo bien la cancha y atacando por sorpresa con cualquiera de sus integrantes. Realmente es admirable la calma que tienen para jugar a la pelota en momentos en los que cualquiera estaría pasado de revoluciones. Arribó la séptima falta y en el último minuto Renzo Rajoy le rompió el arco a Sassou para ganarlo 3-2. Nunca habían sufrido tanto, llegando al final del partido empatándolo dos veces y con público en contra. De todas maneras, pasaron de fase y respiraron aliviados y festejaron a puro cántico. ¿Ya había pasado lo más duro?

Imperdible video-documental del Nacional de La Espiga.

Entrevistamos al “Yin” Catán post-partido y nos contaba que le había encantado el partido y el rival que les tocó: “Siempre queremos jugar con los mejores y este fue un buen equipo”, tiró. Sobre el embudo defensivo que le propuso Fonavi, aclaró que no fue tanto la forma de jugar del adversario lo que los complicó, sino el no poder explotar el potencial propio: “Estamos acostumbrados pero no se trata de cómo lo plantearon ellos al partido sino de que nosotros no jugamos en la medida en la que tendríamos que haber jugado”, subrayó.

Lo que hablábamos al comienzo de la nota. Todos hablan de La Espiga y, lógicamente, todos le quieren ganar como sea. “Está buenísimo que así sea y el día que tenga que perder no me va a desilusionar ni me va a hacer sentir mal. Que me ganen jugando al fútbol, porque yo traigo jugadores para jugar al fútbol. Sino, traigo guerreros”, fundamentó.

Pensando en la final, donde lo esperaba MB Eventos, remarcó, como lo había hecho en otras oportunidades, que no se fija en los rivales a la hora de imaginar un partido: “Nosotros tenemos una forma de jugar y vamos a seguir con la misma sea quien sea”.

Al duelo definitivo, filmado en alta definición a dos cámaras, con un dron y las repeticiones reproduciéndose en uno de los silos, MB se lo planteó parecido a Fonavi y le sacó réditos. Se plantó atrás, con un Mauricio Palle inmenso y jugó de contra con las escapadas de la figura del torneo, Juan Pablo Etcheverry. Nuevamente un penal, esta vez por una mano en el área, le cayó del cielo a La Espiga, que faltando dos minutos para el final pudo empatar un partido que lo tuvo en desventaja 25 minutos –gol de Isaias Arrayago-. En los penales, luego del primer empate en 15 presentaciones, los de Glew tiraron un remate afuera (Rajoy), uno al travesaño (Sánchez) y uno al palo (Yonatan Soplán). Con toda la desazón, la tanda los dejó eliminados y la triple corona se les escapó. La gloria fue para MB Eventos. Merecido por otro estilo de juego y porque supo plantársele al más poderoso de todos.

“No salieron campeones pero nosotros perdimos contra el mejor equipo por lejos”, nos comentaban los chicos de Borussia de Saladillo, que sufrieron la goleada (6-1) de cuartos de final. Esa es la clara sensación desde el juego. Un equipo que realmente se ganó la admiración de todos en el Nacional. Algunos, lógico, querrán verlo caer siempre, como le pasa a los grandes equipos. Otros, como vimos en Tandil, buscarán que terminen en la cima, porque respetan el buen fútbol y tratan la pelota como nadie hemos visto en el amateurismo. Volverán seguramente el año que viene más recargados que nunca y en busca de revancha. Se quedaron con las ganas de juntar en cancha a Erick Aparicio, figura del Nacional 2017 y ex jugador de Lanús y San Martín de San Juan, entre otros, con Yonatan Soplán, que en el espectacular predio donde se hospedaron nos contó que jugó en la Reserva de Arsenal en la época de Gustavo Alfaro y que quedó libre por una lesión en la rodilla. Goleador del Nacional de Mar del Plata, el 10 y capitán del equipo se tatuó el escudo de su equipo en la pierna y ahora busca que los demás lo sigan: “Arranqué yo y los demás tienen miedo”, bromeaba.

Más allá de los nombres propios, la idea de juego es lo que sobresale en el equipo. La utilización del espacio, la pelota al raz, el arquero como zaguero y los delanteros con mucha rotación. El eje de Pablo Catán cuando juega que es vital y las trepadas de “Chimi” González. El respeto que implora Diego Córdoba en el arco. El fútbol de La Espiga.

 

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